Si tuviera que hablar ahora mismo de mí de forma más formal te haría un pequeño resumen de mi currículum, pero si quisieras saber eso irías directamente al apartado “Currículum”, ¿no? Pues bien, aquí te voy a hablar de Laura como persona, como chica y como actriz.
Cuando tenía doce años una amiga me propuso ir a clases de teatro para pasar el rato después de salir del cole y lo cierto es que yo no estaba muy segura de ello. Pero me parecía un buen entretenimiento, así que acepté.
Ir a estas clases pasó de ser “algo que hacer” a formar parte de mí y de mi día a día. Empecé a tener más ganas de conocer este mundo, de querer ir más allá, por lo que no sólo continué en la compañía, sino que, a pesar de que mi amiga dejó de interesarle el tema, yo seguí y me apunté a todas las obras de teatro que hacían y acudí a todas las clases que daban. Me volví un poco adicta.
Empecé el instituto y ya sabía lo que iba a hacer cuando acabara. Presentarme a las pruebas de acceso a la escuela de Arte Dramático de Valencia. Y allí estaba yo, con dieciocho años recién cumplidos y con ganas de “cumplir mi sueño”, de dar lo mejor de mí. Me cogieron, entré en la escuela y después de cuatro años acabé la carrera. Licenciada en Arte Dramático, suena bien.
Pasé mejores y peores momentos dentro de la escuela, pero al acabar la carrera decidimos crear compañía junto a uno de nuestros profesores. Una compañía muy especial, donde actuábamos a la vez que seguíamos en continua formación y entrenamiento.
Fueron tres años maravillosos de aprendizaje. Proyectos por aquí y por allá. Pero lo tenía muy claro desde el principio, desde que supe que quería ser ACTRIZ, así en mayúsculas, sabía que viajaría por aquellas ciudades que me hicieran mejorar en lo profesional y en lo personal, donde encontrar nuevos proyectos y retos a los que enfrentarme como lo es ahora Madrid, una ciudad tan frenética e intensa como la profesión que un día elegí.